UN POCO DE HISTORIA QUE SE NOS FUE... *
Todo Carnaval lleva implícito una tradición y el evidente
deseo de adherirse a una fiesta que, si bien en otro tiempo era un rito
pagano en directa contraposición con el rigor cuaresmal, hoy
día el concepto ha experimentado un cambio substancial, al estar
más próximo aquél a la sátira personal y
social que al “desquite" de ulteriores sumisiones litúrgicas
.
Con el paso de los años, la mentalidad colectiva ha evolucionado
de forma que el sentir humano se ha desvinculado del fundamento origen
del Carnaval, reduciendo éste a meras manifestaciones populares
de alegría burlona y de inhibición temporal de las responsabilidades
ciudadanas, más o menos prolongada, según la fuerza que
la tradición tenga en cada núcleo de población.
Ávila no escapa a esta visión festiva del Carnaval en
los últimos tiempos, entre otras cosas, por ser un acontecimiento
de reciente implantación social, tras decenas de años
sin poder participar sus habitantes, al igual que ocurrió en
la mayor parte del país, de la parodia mundana que todo disfraz
representa. Las nuevas generaciones no conocen, pues, el sentimiento
mencionado de contraposición entre la carne y el espíritu
por lo que el Carnaval no pasa de ser un relajamiento de la rutina diaria
y una excusa para significarse mediante el ingenio puesto al servicio
de la burla, la estética engalanada o el esperpento.
Mucho han cambiado la sociedad y las costumbres abulenses, aunque no
el carácter. Y forzosamente ello repercute en la celebración
de las carnestolendas, siempre hasta un límite que , por ahora,
no pasa dediscreto y minoritario. Pues el baile en sí no justifica
tales efemérides si no va acompañado del disfraz, la máscara
y la personalidad travestida.
DEL SIGLO PASADO A NUESTRO SIGLO
El siglo XIX supuso en Ávila la última cota del más
arraigado y participativo festejo del Carnaval a la antigua usanza.
Con la llegada del nuevo siglo, el ambiente se tornó más
frío y las tres jornadas previas a la Cuaresma, menos chispeantes,
aunque no faltaban las reuniones sociales, bulliciosas y enmascaradas
para todas las clases sociales, tan delimitadas por entonces.
El Casino Abulense y el Casino de los Hijos del Trabajo rivalizaban
en esplendor de confeti, máscaras y bailarines del por entonces
novísimo "flirt" y del "fox?trot", al igual
que en el Teatro Principal, para entonces dedicado a otros menesteres
que nada tenían que ver con el arte de Talía. Por su parte,
el Café de la Amistad, que regentaba el gran Pepillo (José
Álvarez Portal tan sólo a efectos legales, porque todo
Ávila le conocía por el apodo) ofrecía conciertos
en esos comienzos del siglo y, asimismo, en carnavales, cuando todas
las mujeres de la sociedad abulense eran obsequiadas por el acreditado
anfitrión con dulces y con pastillas de jabón “de
los príncipes del Congo”.
Mientras tanto Inglaterra las pasaba canutas con los "bóers"
del Transvaal, al mando de su temible presidente Kruger, y pocas ganas
tenían los hijos de la pérfida Albión de meterse
en jarana carnavalera. Aunque menos ganas aún mostraban los portugueses,
al desencadenarse, en pleno febrero, una epidemia de peste que no podían
ocultar ni con máscaras.
Pero como la moral tradicional de, la sociedad abulense podía
quedar en entredicho durante los días de carnaval, no faltaba
la mano salvadora del estamento eclesial, por entonces avistando el
pecado en cada gesto, bajo las caretas y las reuniones de público
desenfreno, por lo que se organizaban solemnes triduos de desagravios,
todos los días de Carnaval, a las nueve y media de la mañana,
con misa solemne, y a las cuatro de la tarde, con estación, rosario,
sermón, miserere y reserva.
Menos actividad mostraba la Audiencia Provincia, durante las carnestolendas
de los primeros años del siglo, ya que, inexcusablemente, se
suspendían los juicios orales, si es que había alguno
señalado.
DIEZ AÑOS DESPUES
En el año 1910, los carnavales abulenses habían cobrado
una animación extraordinaria. Comparsas varias y la Tuna Filarmónica
Abulense entonaban por todas partes “cuplets" que llamaban
mucho la atención, y en el lugar del Mercado Grande que antes
fue oficinas de Hacienda y del Ferrocarril Ávila-Peñaranda,
por tales fechas convertidos en solar, se expendían coplas que
se agotaban con inusitada celeridad.
Mientras eso ocurría durante el día, con la llegada de
la noche todo era alegría y jolgorio en los bailes celebrados
en el Teatro Principal y en el Salón Baraja, siendo menor la
asistencia al Coliseo Abulense que siempre llegaba a su máximo
esplendor el último día de Carnaval.
No obstante el liberalismo dominante en esa época, la autoridad
municipal era consciente de su obligación en favor del orden
público y anualmente se exponía, por toda la ciudad, un
bando recordando las medidas preventivas de rigor que todo ciudadano
había de adoptar. En el año 1910, el alcalde señor
Paz Herrera publicó el siguiente bando:
El Alcalde, Sr. Paz Herrera, ha dictado ya las oportunas medidas, por
virtud de un bando publicado en el día de hoy en el que se dispone
lo siguiente:
"1ª En los días antes expresados se permitirá
andar por las calles con disfraz y careta pero se prohíbe llevar
la cara cubierta después del anochecer.
2ª Queda así mismo prohibido usar para disfraces los trajes
de la Magistratura, del Clero, de la Milicia, los uniformes designados
a diferentes clases oficiales y los hábitos religiosos.
3ª Se prohíben también las parodias ofensivas a la
religión del Estado, a los cultos tolerados por las leyes y a
la decencia y buenas costumbres.
4ª No se permitirá bajo ningún pretexto ni motivo
que las personas disfrazadas lleven palos, armas, espuelas, o espadas
por más que la requiera el traje que vistan.
5ª Se prohíbe el paso de toda clase de carruajes y caballerías
por el Paseo del Rastro en el trayecto comprendido entre el arco del
mismo nombre y la subida de Gracia.
6ª Únicarnente la autoridad y sus delegados y agentes podrán
exigir a las máscaras que se descubran, cuando hubiesen cometido
alguna falta o producido disgustos o cuestiones con su comportamiento".
EL PRINCIPIO DEL FIN
El año 1920 fue un duro golpe para el Carnaval en España,
pues una Real Orden de 13 de enero dispuso que los gobernadores civiles
dictaran las órdenes oportunas para que se interrumpiera lo menos
posible la vida normal de las poblaciones y se prohibía la circulación
de mascaras con careta puesta por la vía pública. Dicha
orden se comunicó igualmente a los alcaldes de las poblaciones
que por su importancia así se estimaba conveniente, a fin de
recordarles que ni las ordenanzas municipales dictadas con motivo del
Carnaval, ni las costumbres locales podían prevalecer sobre tal
disposición de carácter general.
Tal medida trajo consigo el decaimiento de los festejos en años
sucesivos y tan sólo podían verse disfraces en locales
cerrados o en recintos acotados, como era el caso del Paseo del Rastro
desde tiempo atrás.
El Teatro Principal, "La Peña", el Coliseo Abulense,
El Casino Abulense, El Orfeón y "El Tranca” rivalizaban
en organizar bailes, al igual que lo hacían las comparsas varias
que se organizaban para las fiestas. Tal era el caso de "Los Alpinos"
y "El Arte del Libro", que actuaban en distintos locales para
animar el cotarro", como, a partir de 1922, hizo la nueva Tuna
Juvenil, especialista en bailables.
Mientras tanto, mucha era la gente que acudía en fiestas al cine
de la calle Estrada, donde causó sensación en febrero
de 1922 la proyección del combate valedero para el campeonato
del mundo de boxeo, entre Dempsey y Carpentier, aunque tampoco quedaron
atrás las películas “El saqueo de Roma” y,
“Dulcinea”
Y no podían quedar en el anonimato las bellas señoritas
de la sociedad abulense que desfilaron en el concurso de mantones celebrado
en “La Peña", por esas fechas de 1922, que resultó
lo más celebrado del Carnaval. Allí se encontraban las
Macías, Fournier, Ramírez, Casado, Arespacochaga, González-Novo,
Peláez, Picón, González Albertos, Elcorobarrutia,
Mangrané, Farinós, Torres, Larrarte, Alonso Zurbano y
otras muchas que este improvisado cronista no ha sabido recoger, pero
que seguramente irían vestidas de gitanas, pues era el disfraz
más cotizado en la Época.
Con el advenimiento del general Primo de Rivera al frente del Gobierno,
el Carnaval llegó a sus más bajas cotas y lentamente fue
perdiendo el relativo arraiga que en Ávila llegó a tener.
Después, la breve República y la dictadura del general
Franco acabaron por enterrar a la sardina y a sus acompañantes
carnavaleros, hasta que los nuevos aires democráticos de la España
actual trajeron el recuerdo y la intención de hacer revivir los
carnavales, aunque esta sociedad no es nada parecida a la de principios
de siglo en cuanto a mentalidad y concepto moral de la vida. Veremos
si el Carnaval arraiga de nuevo en nuestra ciudad, aunque, como ha quedado
expuesto, nunca fueron en el presente siglo algo demasiado relevante.
* Texto rescatado
del "Especial de Carnavales", publicado por el Diario de Ávila
en 1987.