UN POCO DE HISTORIA QUE SE NOS FUE... *

Todo Carnaval lleva implícito una tradición y el evidente deseo de adherirse a una fiesta que, si bien en otro tiempo era un rito pagano en directa contraposición con el rigor cuaresmal, hoy día el concepto ha experimentado un cambio substancial, al estar más próximo aquél a la sátira personal y social que al “desquite" de ulteriores sumisiones litúrgicasCarnaval1987. Con el paso de los años, la mentalidad colectiva ha evolucionado de forma que el sentir humano se ha desvinculado del fundamento origen del Carnaval, reduciendo éste a meras manifestaciones populares de alegría burlona y de inhibición temporal de las responsabilidades ciudadanas, más o menos prolongada, según la fuerza que la tradición tenga en cada núcleo de población.
Ávila no escapa a esta visión festiva del Carnaval en los últimos tiempos, entre otras cosas, por ser un acontecimiento de reciente implantación social, tras decenas de años sin poder participar sus habitantes, al igual que ocurrió en la mayor parte del país, de la parodia mundana que todo disfraz representa. Las nuevas generaciones no conocen, pues, el sentimiento mencionado de contraposición entre la carne y el espíritu por lo que el Carnaval no pasa de ser un relajamiento de la rutina diaria y una excusa para significarse mediante el ingenio puesto al servicio de la burla, la estética engalanada o el esperpento.
Mucho han cambiado la sociedad y las costumbres abulenses, aunque no el carácter. Y forzosamente ello repercute en la celebración de las carnestolendas, siempre hasta un límite que , por ahora, no pasa dediscreto y minoritario. Pues el baile en sí no justifica tales efemérides si no va acompañado del disfraz, la máscara y la personalidad travestida.

DEL SIGLO PASADO A NUESTRO SIGLO
El siglo XIX supuso en Ávila la última cota del más arraigado y participativo festejo del Carnaval a la antigua usanza. Con la llegada del nuevo siglo, el ambiente se tornó más frío y las tres jornadas previas a la Cuaresma, menos chispeantes, aunque no faltaban las reuniones sociales, bulliciosas y enmascaradas para todas las clases sociales, tan delimitadas por entonces.
El Casino Abulense y el Casino de los Hijos del Trabajo rivalizaban en esplendor de confeti, máscaras y bailarines del por entonces novísimo "flirt" y del "fox?trot", al igual que en el Teatro Principal, para entonces dedicado a otros menesteres que nada tenían que ver con el arte de Talía. Por su parte, el Café de la Amistad, que regentaba el gran Pepillo (José Álvarez Portal tan sólo a efectos legales, porque todo Ávila le conocía por el apodo) ofrecía conciertos en esos comienzos del siglo y, asimismo, en carnavales, cuando todas las mujeres de la sociedad abulense eran obsequiadas por el acreditado anfitrión con dulces y con pastillas de jabón “de los príncipes del Congo”.
Mientras tanto Inglaterra las pasaba canutas con los "bóers" del Transvaal, al mando de su temible presidente Kruger, y pocas ganas tenían los hijos de la pérfida Albión de meterse en jarana carnavalera. Aunque menos ganas aún mostraban los portugueses, al desencadenarse, en pleno febrero, una epidemia de peste que no podían ocultar ni con máscaras.
Pero como la moral tradicional de, la sociedad abulense podía quedar en entredicho durante los días de carnaval, no faltaba la mano salvadora del estamento eclesial, por entonces avistando el pecado en cada gesto, bajo las caretas y las reuniones de público desenfreno, por lo que se organizaban solemnes triduos de desagravios, todos los días de Carnaval, a las nueve y media de la mañana, con misa solemne, y a las cuatro de la tarde, con estación, rosario, sermón, miserere y reserva.
Menos actividad mostraba la Audiencia Provincia, durante las carnestolendas de los primeros años del siglo, ya que, inexcusablemente, se suspendían los juicios orales, si es que había alguno señalado.

DIEZ AÑOS DESPUES
En el año 1910, los carnavales abulenses habían cobrado una animación extraordinaria. Comparsas varias y la Tuna Filarmónica Abulense entonaban por todas partes “cuplets" que llamaban mucho la atención, y en el lugar del Mercado Grande que antes fue oficinas de Hacienda y del Ferrocarril Ávila-Peñaranda, por tales fechas convertidos en solar, se expendían coplas que se agotaban con inusitada celeridad."El Rondon"
Mientras eso ocurría durante el día, con la llegada de la noche todo era alegría y jolgorio en los bailes celebrados en el Teatro Principal y en el Salón Baraja, siendo menor la asistencia al Coliseo Abulense que siempre llegaba a su máximo esplendor el último día de Carnaval.
No obstante el liberalismo dominante en esa época, la autoridad municipal era consciente de su obligación en favor del orden público y anualmente se exponía, por toda la ciudad, un bando recordando las medidas preventivas de rigor que todo ciudadano había de adoptar. En el año 1910, el alcalde señor Paz Herrera publicó el siguiente bando:

El Alcalde, Sr. Paz Herrera, ha dictado ya las oportunas medidas, por virtud de un bando publicado en el día de hoy en el que se dispone lo siguiente:
"1ª En los días antes expresados se permitirá andar por las calles con disfraz y careta pero se prohíbe llevar la cara cubierta después del anochecer.
2ª Queda así mismo prohibido usar para disfraces los trajes de la Magistratura, del Clero, de la Milicia, los uniformes designados a diferentes clases oficiales y los hábitos religiosos.
3ª Se prohíben también las parodias ofensivas a la religión del Estado, a los cultos tolerados por las leyes y a la decencia y buenas costumbres.
4ª No se permitirá bajo ningún pretexto ni motivo que las personas disfrazadas lleven palos, armas, espuelas, o espadas por más que la requiera el traje que vistan.
5ª Se prohíbe el paso de toda clase de carruajes y caballerías por el Paseo del Rastro en el trayecto comprendido entre el arco del mismo nombre y la subida de Gracia.
6ª Únicarnente la autoridad y sus delegados y agentes podrán exigir a las máscaras que se descubran, cuando hubiesen cometido alguna falta o producido disgustos o cuestiones con su comportamiento".

EL PRINCIPIO DEL FIN
El año 1920 fue un duro golpe para el Carnaval en España, pues una Real Orden de 13 de enero dispuso que los gobernadores civiles dictaran las órdenes oportunas para que se interrumpiera lo menos posible la vida normal de las poblaciones y se prohibía la circulación de mascaras con careta puesta por la vía pública. Dicha orden se comunicó igualmente a los alcaldes de las poblaciones que por su importancia así se estimaba conveniente, a fin de recordarles que ni las ordenanzas municipales dictadas con motivo del Carnaval, ni las costumbres locales podían prevalecer sobre tal disposición de carácter general.
Tal medida trajo consigo el decaimiento de los festejos en años sucesivos y tan sólo podían verse disfraces en locales cerrados o en recintos acotados, como era el caso del Paseo del Rastro desde tiempo atrás.
El Teatro Principal, "La Peña", el Coliseo Abulense, El Casino Abulense, El Orfeón y "El Tranca” rivalizaban en organizar bailes, al igual que lo hacían las comparsas varias que se organizaban para las fiestas. Tal era el caso de "Los Alpinos" y "El Arte del Libro", que actuaban en distintos locales para animar el cotarro", como, a partir de 1922, hizo la nueva Tuna Juvenil, especialista en bailables.
Mientras tanto, mucha era la gente que acudía en fiestas al cine de la calle Estrada, donde causó sensación en febrero de 1922 la proyección del combate valedero para el campeonato del mundo de boxeo, entre Dempsey y Carpentier, aunque tampoco quedaron atrás las películas “El saqueo de Roma” y, “Dulcinea”
Y no podían quedar en el anonimato las bellas señoritas de la sociedad abulense que desfilaron en el concurso de mantones celebrado en “La Peña", por esas fechas de 1922, que resultó lo más celebrado del Carnaval. Allí se encontraban las Macías, Fournier, Ramírez, Casado, Arespacochaga, González-Novo, Peláez, Picón, González Albertos, Elcorobarrutia, Mangrané, Farinós, Torres, Larrarte, Alonso Zurbano y otras muchas que este improvisado cronista no ha sabido recoger, pero que seguramente irían vestidas de gitanas, pues era el disfraz más cotizado en la Época.
Con el advenimiento del general Primo de Rivera al frente del Gobierno, el Carnaval llegó a sus más bajas cotas y lentamente fue perdiendo el relativo arraiga que en Ávila llegó a tener. Después, la breve República y la dictadura del general Franco acabaron por enterrar a la sardina y a sus acompañantes carnavaleros, hasta que los nuevos aires democráticos de la España actual trajeron el recuerdo y la intención de hacer revivir los carnavales, aunque esta sociedad no es nada parecida a la de principios de siglo en cuanto a mentalidad y concepto moral de la vida. Veremos si el Carnaval arraiga de nuevo en nuestra ciudad, aunque, como ha quedado expuesto, nunca fueron en el presente siglo algo demasiado relevante.

* Texto rescatado del "Especial de Carnavales", publicado por el Diario de Ávila en 1987.

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