EL VIEJO ALMENDRO.
El viejo agricultor se levantaba todas las mañanas, temprano, muy temprano,
antes de que el sol pensara regalar su luz a la tierra.
Siempre fue así, desde que aparecían en su memoria aquellos años de infancia,
en que con el apero y la mula acompañaba a su padre a trabajar en las viñas.
Ahora ya era viejo y sabía que no le quedaban muchas auroras que contemplar desde
su huerta de "Llanolasnavas".Sus hijos estaban ya casados, su mujer murió hacía
unos pocos años y solamente el trabajo en el campo le ayudaba a continuar sintiéndose
útil...vivo.
A pesar de que su vida y la de los suyos había sido más buena que mala aún sentía
que le quedaba algo por hacer.
Mientras caminaba, atravesando campos poblados de cepas con pequeñas hojas verdes
en sus sarmientos, su figura se confundía con la tierra ,no ya por el color marrón
de sus viejos pantalones de pana o por su roída camisa de labor, sino porque su
rostro estaba resquebrajado como la tierra que pisaba y profundas arrugas en su
cara tostada recordaban aquellos años de sequía en que el campo suplicaba una
gota de agua. Sus manos, gigantescas, estaban encallecidas y eran rugosas y duras
como aquellos terrones que tantas veces había deshecho con la azada.
No cabía duda: esa tierra y él se parecían mucho y nunca se había dado cuenta
hasta ese momento.
Al llegar a su pequeña huerta descubrió que el viejo almendro, ese que llevaba
tantos años sin dar fruto y que más de una vez había pensado arrancar tenía brotes
nuevos en el retorcido y agrietado tronco.
Entonces comprendió. Comprendió que la naturaleza es una caja de sorpresas y que
la vida luchaba siempre por salir al exterior hasta perder su último aliento en
el intento.¿Cómo había estado tan ciego todos estos años?¿cómo había dejado escapar
la oportunidad de disfrutar de estos pequeños milagros que se sucedían continuamente
a su alrededor?¿cómo no había observado esas gotas de rocío acariciadas por el
sol de la mañana dividiendo el haz luminoso en un arco iris multicolor?¿cómo no
había visto cada brote, cada flor que año tras año, día tras día adornaban como
una alfombra todo lo que le rodeaba?¿cómo no había sido capaz de saborear el olor
a "tierra mojada" antes de cada tormenta de verano?¿cómo no había disfrutado con
esos atardeceres violáceos, que Dios le ofrecía cada tarde?¿!cómo...!?, pero todavía
tenía tiempo, al igual que aquel viejo almendro que llevaba años sin dar fruto
y que más de una vez había pensado arrancar.
Unos años después le encontraron allí, parecía sonreír, dormido a la breve sombra
de lo que parecía un viejo almendro, completamente seco.
La gente comentaba que es estos últimos años parecía más feliz, más alegre, más
generoso y que, incluso, había vuelto a ir a la iglesia. Pero nadie supo decir
jamás por qué había cambiado ni se explicaron por qué había ido a morir a la sombra
de ese viejo almendro.
A.L.A.I.